Más de un mes anduve de montaña rusa. Aún ahora no sé si estoy llegando al final del recorrido, estoy a medio camino o estoy esperando lo peor… pero sé que ahí sigo. Ni siquiera debería estar usando juegos de feria como ejemplo. Ni puedo subirme. Porque vomito. *Vomita*
¿Saben qué es lo peor? La bajada. A mí denme vueltas, pónganme de cabeza, háganme vibrar (uy) pero no me dejen caer. Ya pasé unas tres veces por los momentitos preciosos en los que empiezas a frenar e inhalas, crees que ya terminó… y de golpe, vuelves a empezar sin tiempo siquiera para soltar el aliento. Ahora mismo es cuando anticipo la bajada rapidísima, esa que te desacomoda hasta el intestino grueso, y pienso «¿Para qué me subí al juego en primer lugar?» Para verme macha ante la vida, por eso.
Sin embargo, informo: He estado bieeeeeeeeeeeen feliz. Y no soy emo. Y no estoy hablando literalmente de montañas rusas. Y es cierto eso de que no puedo subirme a juegos de feria. Y tampoco aguanto los columpios porque lo que para ustedes es columpiarse hacia adelante, en mi cuerpo se siente como la bajada del Superman.
Adieu.